Es curioso que a todos nos pasa, llega un momento en el que nos da por pensar en aquello que nos ha pasado recientemente. En mi caso, los hechos no son tan recientes, vienen desde hace un par de años. Por entonces yo tenía 18 años y estaba en el último año de mi colegio, con las amigas de toda la vida y alguna más reciente, había pasado el pavo como todas, y me parecía que tenía todo lo que podía pedirle a la vida...es curioso, porque por aquel entonces tenía claro que para mi el pilar fundamental eran mis amistades, pero, paradojas de la vida, todos vamos cambiando, si TODOS, porque nunca fui la única que cambio la forma de pensar, a ver si me explico.
Hubo un tiempo en que intimé especialmente con una compañera del colegio que se llamaba Susana, éramos muy buenas amigas y siempre tuve muy claro que ella estaría allí cuando la necesitara, pero entonces la cosa cambió, aparecieron nuevas chicas en el grupo y yo me sentí desplazada, donde antes había confianza absoluta se había creado un grupo, algo que a mi no me gustaba, no permitía la intimidad de contarle a una única persona tus problemas. Sabía que las soluciones que me propondrían serían muchas y distintas a lo que yo pensaba que serían. Pero fue más que eso, el grupo se fue afianzando y con ello varias relaciones intimas que hicieron mella entre nosotras, principalmente en mi corazón. Nunca tuve valor para decirle a María que me había quitado el corazón de Susana, que había ocupado mi sitio en él y que yo estaba fuera. Poco a poco me sentía mas sola entre tanta gente, tenía más broncas con ellas, y comencé a cambiar. Desde entonces la fuerza de la amistad perdió casi todo su valor para mi, salvo en casos puntuales, pero mi concepto de la amistad para entonces había cambiado por completo. Por así decirlo, se cayó el pilar de mi vida, aunque es una forma sencilla de explicarlo, lo que pasó fue que no aceptasteis mi cambio, no reconocíais en mi a la persona que conocisteis años atrás, y no pienso que todo ocurriera por vosotras, pero el grupo me cambió y vosotras nunca lo visteis. Así, de la noche a la mañana, lo que era mi vida había desaparecido, y me propuse salir de ahí, pero en mi cabeza y en mi corazón siempre supe que aún erais parte de mi vida, que siempre lo seríais, aunque vosotras no participarais de lo que yo sentía.
Mis circunstancias me pusieron una serie de metas alejándome de el colegio y de vosotras y al fin pude seguir mi camino con el apoyo incondicional de gente que me enseñó que la amistad y el cariño se basan en entender a las personas y aceptar que cambian aunque esto no sea de nuestro agrado, aquí me paro a dar las gracias a Alberto, que siempre fue un tigre y puso fuerzas cuando a mi me faltaban, y Gonzalo, desde su extraña forma de ser, desde su sinceridad y cariño. En este periodo un tanto duro, me refugié en algo que llegué a considerar absurdo...buscar amistades por Internet, pero, quien me iba a decir que justo en el lugar menos fiable encontraría el mejor parche a un agujero, mi coleguita Reyes. Éste niño salido de una página de ligoteos me dio la serenidad que me faltaba, las conversaciones que echaba de menos, la amistad que me regaló tan generosamente fue un salvavidas para mi y su sonrisa franca me dio más de lo que él se cree. A todas estas personas GRACIAS.
Pero volviendo a mi primera frase, a una le da por pensar y hace unos días pensaba que la vida era un poco injusta conmigo...ciertas cuestiones familiares que me complican la vida y que sólo conocen esas personas en las que se que puedo confiar, un esfuerzo por ser una persona formada y con futuro a costa de mi cansancio y de casi no ver a mil personitas a las que echo de menos...y mil cosas más que hacen esto un poco difícil para mi, y en efecto sentíaa que esto era difícil y que era injusto, pero luego pensé que la vida me había enseñado una valiosa lección. Me había quitado lo que habían sido unos años sencillos y me había regalado una carretera por recorrer, y que está llena de baches, si, pero además, me ha regalado un puñado de manos, que se cuentan con los dedos de una mano y que están dispuestas a coger la mía cuando no pueda más, y que espero que sepan, que tendrán la mía cuando ellos no puedan.
Principalmente quiero dar las gracias a mi bastón cuando cojeo, a mi chocolate negro cuando me quedo sin energías, a mi pañuelo cuando tengo ganas de llorar, a mi sabina, mi comunista, mi todo, lo mejor que me ha dado la vida: Jorge
A todos los demás que he nombrado antes, gracias también. Y gracias a la vida por haberme puesto en el camino mucha gente de la que aprender y mucha gente de la que no hacerlo, porque ya aprendí que no todo el mundo pretende ayudar a los demás y esos no interesan. Y con esto y un bizcocho hasta dentro de un mes no escribo que ha sido un desahogo un tanto largo...